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Qué es la fiebre

Termómetro

 

Es la elevación de la temperatura axilar matutina por encima de los 37,2º C o vespertina por encima de los 37,7º C, teniendo en cuenta que la temperatura rectal es 0,5º C superior a la axilar.
En realidad, la temperatura corporal oscila aproximadamente 0,5 º C en torno a un valor basal de 37º C, siguiendo un ritmo a lo largo del día, alcanzando un valor máximo durante la noche (a las 16-18 horas) y un mínimo en la madrugada. Ello nos indica que el hallazgo casual de una temperatura superior a 37º C, puede ser normal.

De una forma más rigurosa, distinguimos entre:

  1. Hipertermia: Elevación transitoria de la temperatura debido a un desequilibrio entre la producción y disipación de calor. La hipertermia sin fiebre puede deberse a la incapacidad de perder suficiente calor (en un ambiente cálido, por ejemplo) o a la administración de algunos fármacos
  2. Febrícula: Temperatura corporal entre 37º y 38º C.
  3. Fiebre propiamente dicha: Cuando la temperatura corporal es superior a 38º C, bien por la acción de sustancias elaboradas por el propio organismo que actúan sobre el centro neurológico de la termorregulación (pirógenos endógenos), bien por agentes externos, normalmente infecciosos (pirógenos exógenos).

Además, diferenciamos entre:

  • Fiebre de corta evolución: Fiebre de menos de 2-3 semanas de evolución, que se resuelve con o sin tratamiento, sin establecer en ocasiones su causa.
  • Fiebre prolongada o de origen inicialmente desconocido: Es la fiebre mayor de 38,3º C en varias ocasiones, y cuando después de una semana de estudio en el hospital o de 3 visitas del médico, no se ha podido establecer la causa. 

Efectos y Complicaciones

  1. Taquicardia
    Es la elevación de la frecuencia del corazón, de tal forma que por cada grado centígrado de subida de la temperatura corporal, por encima de los 37º C, se produce un incremento de 10-15 latidos en el ritmo cardiaco. Ello puede ser muy grave e incluso fatal en pacientes cardiológicos, especialmente ancianos.
  2. Taquipnea
    Es el aumento de la frecuencia respiratoria, siendo el ritmo normal respiratorio de 12-18 respiraciones por minuto. Este hecho produce una disminución del CO2 (dióxido de carbono) en los capilares pulmonares, lo que puede producir sensación de hormigueos en las extremidades.
  3. Disminución del umbral epileptógeno (favoreciendo crisis convulsivas)
    La fiebre puede desencadenar una crisis en pacientes epilépticos, así como en pacientes muy jóvenes o muy viejos y en los debilitados. Por ello, siempre debe descartarse la existencia de fiebre en pacientes que acuden al hospital por una crisis convulsiva, especialmente en niños.
    Por si solas no son una enfermedad, sino la manifestación de un trastorno de la función cerebral que se expresa de forma súbita.
    Igualmente, la propia convulsión puede causar una elevación de la temperatura durante las horas siguientes.
  4. Deshidratación
    La elevación de la temperatura corporal conduce a un aumento de la eliminación de agua a través del sudor y de la respiración acelerada. Si la causa de la fiebre es una gastroenteritis, se suma la deshidratación producida por los vómitos y las diarreas. Esta pérdida del agua corporal, cuando es elevada, puede producir cansancio, disminución del apetito, náuseas, vómitos, hipotensión y disminución del nivel de consciencia.
    La importancia de este hecho nos lleva a la necesidad de reponer las pérdidas de líquidos en el paciente febril, de tal forma que si las necesidades diarias de agua en una persona sin fiebre son de 1-2 litros de agua, el paciente febril deberá tomar de 250 a 500 ml más, según su peso y superficie corporal, todo ello por cada grado de elevación de la temperatura y por día. También será necesario reponer las pérdidas de sustancias como el sodio y el cloruro, normalmente añadiendo un poco de sal en la bebida.
  5. Pérdida de masa corporal
    En el paciente con fiebre prolongada se produce un exceso del metabolismo celular, por lo que será necesario administrar dietas ricas en calorías. Si no, se produce cansancio, adelgazamiento y pérdida de masa muscular.
  6. Síndrome de abstinencia
    En pacientes adictos a drogas (como la heroína) y alcohol la presencia de fiebre puede provocar abstinencia. Este cuadro se produce en pacientes alcohólicos crónicos y/o adictos a drogas cuando llevan algún tiempo sin probar la droga o el alcohol, y consiste en ansiedad, inquietud, irritabilidad, lagrimeo, sudoración, vómitos, temblores y dolor abdominal, pudiéndose producir convulsiones y parada cardiaca. La presencia de un proceso febril puede disparar el cuadro.

Causas

  • Fiebre de corta evolución:
    • Origen infeccioso: Es lo más frecuente, virus y bacterias fundamentalmente. Como procesos típicos tenemos la infección de las vías respiratorias (amigdalitis y neumonía), la gastroenteritis, la peritonitis, la meningitis, la infección de las vías urinarias, la infección de la piel y del tejido subcutáneo (celulitis).
    • Origen no infeccioso: La inflamación de las articulaciones por ácido úrico (gota) y la ingesta de algunos fármacos en personas predispuestas.
  • Fiebre prolongada:
    • Infecciones: Representan del 30 al 50% de los casos. Así tenemos la tuberculosis y la fiebre tifoidea.
    • Tumores malignos: Aproximadamente una cuarta parte de los casos.
    • Ingesta de fármacos.
    • Enfermedades por afectación hormonal, como el hipertiroidismo.
    • e causa no aclarada: En el 5% de los casos no se encuentra causa que la justifique (a veces puede tratarse de fiebre ficticia provocada, como en algunos niños y enfermos mentales).

Qué hay que hacer en caso de tener fiebre

Hay que tener en cuenta que no siempre es necesario combatir la fiebre ligera (décimas de fiebre), salvo en casos de embarazo, niños con convulsiones febriles o en pacientes con enfermedad cardiaca, respiratoria o cerebral.

  • Medidas generales:
    • Mantener en ambiente no caluroso.
    • Hidratar adecuadamente al paciente.
    • Proporcionar una nutrición equilibrada.  
  • Medidas físicas:
    • Disminución de la temperatura ambiental.
    • Compresas de agua fría sobre la superficie cutánea..
    • Ingesta de fármacos.
    • Baño corporal con agua templada.  
  • Fármacos:
    • Paracetamol cada 4-6 horas, mejor así que de forma intermitente, pues entonces se acentúan los escalofríos y los sudores. Se prefiere en principio el Paracetamol en los niños porque no enmascara los signos inflamatorios y presenta menos efectos secundarios indeseables.  
    • Acido Acetil Salicílico cada 4-6 horas.
    • AINES (un grupo de fármacos llamados AntiInflamatorios No EsteroideoS" entre los que se encuentran la Indometacina y el Ibuprofeno). Útiles para tratar la fiebre de un proceso maligno.
    • etamizol, útil bebido o en uso endovenoso con gotero.

 

 

Ref. Saludalia.com

 

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