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El Autismo

Autismo.

El autismo es un término general que se utiliza para referirse a un grupo de trastornos que afectan la manera en que un niño se desenvuelve en varias áreas, como el habla, las destrezas sociales y la conducta. Dado que la severidad y amplitud de los síntomas varía considerablemente, suele decirse que los niños con problemas en estas áreas tienen un trastorno de espectro autista.

Se recomienda realizar una prueba de detección precoz del autismo a todos los niños entre los 18 y los 24 meses de vida en sus visitas médicas de control. El diagnóstico y tratamiento tempranos pueden mejorar considerablemente las perspectivas para los niños con autismo.

¿Cuáles son los síntomas del autismo?

Cada niño autista es un caso único pero puede compartir ciertas características y conductas con los demás, como por ejemplo:

  • No habla (aproximadamente el 40 por ciento de los niños autistas no habla en absoluto).
  • Repite palabras.
  • Realiza movimientos repetitivos, tales como agitar las manos.
  • No juega a juegos de simulación.
  • Es hiperactivo.
  • Tiene berrinches con frecuencia.
  • Evita el contacto visual.
  • Tiene dificultades para iniciar o mantener una conversación y para hacer amigos.
  • No responde cuando lo llaman por el nombre.
  • Insiste en la misma rutina.
  • Repite acciones una y otra vez.
  • Se concentra en un solo tema o actividad.
  • Desea estar solo.
  • Es hipersensible al sonido, gusto y olor de las cosas y a la manera en que las percibe con el tacto.
  • No le gusta que lo abracen o lo acaricien.
  • Tiene problemas para dormir.
  • No siente temor en situaciones de riesgo.
  • Tiene cierto grado de retraso mental o incapacidades de aprendizaje (en muchos de los niños afectados pero no en todos).
  • Es agresivo.
  • Se lastima a sí mismo.
  • Pierde destrezas (por ejemplo, deja de decir palabras que solía decir).

Los niños con un trastorno leve de espectro autista llamado síndrome de Asperger tienen algunos de los rasgos del autismo, pero por lo general tienen una inteligencia normal y aprenden a hablar a la edad que corresponde.

¿Cuándo se diagnostica el autismo? 

Por lo general, los niños autistas no tienen un aspecto diferente del de otros niños. Parecen desarrollarse normalmente durante el primer año de vida pero a partir del segundo, algunos comienzan a atrasarse en el desarrollo de destrezas sociales o el habla, o incluso pierden destrezas que ya habían adquirido. El autismo suele diagnosticarse cerca de los tres años de edad, aunque a veces es posible diagnosticarlo ya a los 18 meses de vida.

Los signos pueden incluir, entre otros:

  • No reacciona cuando los padres lo llaman por su nombre.
  • No balbucea en diálogo con los padres a partir de aproximadamente los seis meses de vida.
  • Comienza a sonreír en una etapa tardía.
  • No mira cuando el padre señala y le indique que mire hacia un determinado lugar.

Los niños pequeños que presentan estos signos no tienen necesariamente autismo, ya que cada niño desarrolla el trastorno a un ritmo diferente. No obstante, los padres no deben dudar en discutir estos posibles signos y otras preocupaciones sobre el desarrollo de su hijo con el pediatra.

El retraso en el desarrollo del habla también puede ser un signo temprano de autismo. Se recomienda realizar una evaluación inmediata si el niño:

  • No balbucea, no señala ni hace otros gestos hacia los 12 meses de vida.
  • No dice palabras sueltas hacia los 16 meses de vida.
  • No dice frases de dos palabras hacia los 24 meses de vida.
  • Pierde la habilidad del lenguaje o las destrezas sociales a cualquier edad.

¿Cómo se diagnostica el autismo?

No existe un análisis médico específico para diagnosticar el autismo. Por lo general, los médicos diagnostican el autismo observando el comportamiento del niño y realizando pruebas de detección precoz que miden una serie de características y comportamientos asociados con esta enfermedad. Si la prueba de detección precoz indica un posible problema, el médico puede realizar pruebas adicionales o recomendar la evaluación por un especialista.

¿Quiénes corren riesgo de tener autismo?

El autismo ocurre en todos los grupos raciales, sociales y educacionales y el riesgo en los niños es aproximadamente cuatro veces mayor que en las niñas.2 Los hermanos de un niño afectado pueden ser más propensos a padecer autismo, aunque el riesgo parece ser bastante bajo (del dos al ocho por ciento). Dos estudios recientes también sugieren que los bebés prematuros (nacidos antes de las 37 semanas completas de embarazo) pueden correr un riesgo mayor de padecer síntomas asociados con el autismo.

¿Cuáles son las causas del autismo?

Si bien no se conocen a fondo las causas del autismo, los científicos han establecido que esta enfermedad no es causada por problemas en la crianza del niño ni por otros factores sociales. Es un trastorno biológico que parece estar asociado con anomalías sutiles en el desarrollo de estructuras o funciones específicas del cerebro.

Aparentemente, tanto los factores genéticos como ambientales son determinantes. Los científicos creen que hay al menos una docena de genes de diferentes cromosomas que contribuyen a la enfermedad. Un grupo de investigadores descubrió recientemente que las anomalías en una pequeña región del cromosoma 16 aparentemente aumentan las probabilidades de que el niño desarrolle autismo en hasta cien veces. Estas anomalías causan aparentemente cerca del uno por ciento de los casos de autismo.

En una minoría de casos, también pueden influir otras enfermedades genéticas, como el síndrome de X frágil (retraso mental y problemas de conducta) y la esclerosis tuberosa (tumores no cancerígenos que afectan el cerebro y otros órganos). Ciertas infecciones que se producen antes del nacimiento (como la rubéola y el citomegalovirus) también se han asociado con el autismo.  

¿Las vacunas infantiles contribuyen al autismo?

Las vacunas infantiles, incluida la vacuna contra el sarampión/paperas/rubéola (MMR), no causan autismo. Algunos padres de niños autistas sospechan que esta vacuna, administrada entre los 12 y los 15 meses de vida, contribuye al autismo porque los niños a veces comienzan a presentar síntomas poco tiempo después de haberse vacunado. En realidad, ésta es la edad a la que suelen comenzar a aparecer los síntomas, aunque el niño no haya sido vacunado.

Otra razón por la cual se sospecha que las vacunas infantiles influyen en el autismo es que, hasta hace poco tiempo, éstas incluían un conservante llamado timerosal que contiene mercurio. (Desde 2002, ninguna de las vacunas infantiles normalmente administradas contiene timerosal, a excepción de la vacuna contra la gripe, aunque también existen versiones sin timerosal.) Si bien ciertas formas de mercurio en dosis altas pueden afectar el desarrollo del cerebro, los estudios sugieren que esto no ocurre con el timerosal.

¿Cómo se trata el autismo?

Los niños suelen presentar una notable mejora en los síntomas cuando se los somete a un tratamiento intensivo de la conducta durante la edad preescolar. Es aconsejable iniciar un programa de tratamiento personalizado en cuanto se considera serio el diagnóstico de autismo y continuarlo durante toda la edad escolar.

No existe cura para el autismo. Sin embargo, para algunos niños son beneficiosos los medicamentos que ayudan a mejorar los síntomas de conducta ya que les permiten aprender mejor. Algunos de los medicamentos comúnmente usados incluyen los antidepresivos, antipsicóticos y estimulantes como, por ejemplo, Ritalin®, normalmente indicado para el trastorno de hiperactividad por déficit de atención. Un nuevo antipsicótico llamado risperidona (Risperdal®) es el único medicamento aprobado específicamente por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los EE.UU. (Food and Drug Administration, FDA) para el tratamiento de conductas autistas, como agresión, autolesiones y berrinches.

Algunos niños autistas también se tratan con diversas terapias alternativas, como restricciones en la dieta, terapias a base de vitaminas y desintoxicación (como quelación para reducir las cantidades de mercurio y otros metales en el organismo). A la fecha, no existe suficiente evidencia para determinar si estos tratamientos pueden ser útiles o nocivos. Los padres interesados en los tratamientos alternativos deben discutir los posibles riesgos y beneficios con el pediatra de su hijo.

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