En primer lugar hay que tranquilizar a la víctima y a sus familiares. Valorar el tipo de quemadura y su gravedad. Hay que enfriar el área quemada durante varios minutos. Se puede hacer aplicando una solución salina fisiológica o agua fría (no helada) sobre la lesión. No se debe usar hielo para enfriar la zona quemada, ni aplicar pomadas o ungüentos porque éstas pueden interferir la valoración posterior y el tratamiento médico. Cubrir el área quemada con un apósito o una compresa húmeda en solución salina fisiológica o agua fría limpia y sujetar con un vendaje para evitar la contaminación de la lesión.
Si se presenta en manos o pies coloque gasa entre los dedos antes de colocar la venda. Si el afectado está consciente y refiere dolor se debe administrar un analgésico y abundantes líquidos (si es posible suero oral, para reponer las pérdidas de agua y electrolitos). En todo caso se trasladará al paciente a un centro asistencial. Cuando las quemaduras son de gravedad, la víctima está inconsciente, no respira y no tiene pulso hay que iniciar inmediatamente la reanimación cardiopulmonar y buscar urgentemente ayuda médica.
Ya en el centro médico se llevará a cabo el tratamiento general con analgesia y sedación si es preciso, canalización de una vía venosa para el aporte necesario de líquidos y electrólitos y el tratamiento local de la quemadura que consistirá en el lavado, rasurado de las zonas pilosas (con pelo), secado con compresas estériles y resección quirúrgica de ampollas y tejidos necróticos. Una vez realizado todo esto se decidirá que tipo de cura se aplica, una cura expuesta o bien oclusiva.
Durante las primeras 72 horas es preciso controlar las constantes vitales (pulso, tensión arterial, temperatura, función respiratoria), el balance hídrico (los ingresos de líquidos y la diuresis) y realizar algunas pruebas complementarias como hematocrito (glóbulos rojos), proteinograma (proteínas), ionograma (iones), radiografía de tórax y electrocardiograma.