Para muchos, sonar una campana requiere de un esfuerzo mínimo; pero para Brenda Contreras, el hacerlo requirió de muchos meses de sufrimiento y resiliencia. Este es un acto marca el final de un proceso difícil y el inicio de una nueva etapa de vida llena de sueños y metas por cumplir.

Poco a poco, pacientes y personal de enfermería del Centro de Diagnósticos Médicos (CDM), del Seguro Social empezó a llegar para presenciar el acontecimiento. Y no es para menos. Ella es la primera paciente de 2026 que llega al final de su tratamiento de quimioterapia y radioterapia y que recibe la más esperada de las noticias.

Brenda Karina Contreras de Álvarez, fue remitida del Hospital de Escuintla para recibir atención médica en el CDM.

El hacer sonar una campana es un ritual de victoria que se practica en todos los hospitales del mundo para anunciar que un paciente ha concluido la etapa más dura de un tratamiento médico. Y aunque posteriormente sigue una serie de monitoreos y exámenes para confirmar la eficacia del procedimiento y evaluar las secuelas de este, las posibilidades de éxito son considerables.

Días de angustia

Brenda siempre estuvo consciente de la importancia de la prevención y gracias a la protección que como beneficiaria le asistía, siempre estuvo al pendiente de sus chequeos. Sin embargo, no había nada que la preparara para escuchar el temido diagnóstico: cáncer uterino.

En esos momentos, sus apacibles ojos azules y su rostro imperturbable se quebrantan al contar: “Sentí que el mundo se me venía encima. Estaba muy triste porque pensé que me iba a morir. Empecé a tener infecciones urinarias todo el tiempo, sentía un fuego dentro de mi cuerpo que no podía soportar. Y en ocasiones, hasta me era imposible caminar”, recordó.

Fue la compañía de su esposo Carlos Álvarez la que le dio fuerza para salir antes de las tres de la mañana de Guanagazapa, Escuintla hacia la capital durante los últimos 25 días, tiempo que duraría su tratamiento de quimioterapia.

A partir de ahora, la fotografía de Brenda sonando una campanilla figurará en la Galería de Guerreros como un recordatorio de que es posible ganar la batalla por la vida.

Pero una guerra no se gana en soledad y de eso Brenda está consciente. Detrás de cada batalla hay quienes nunca la dejaron caer. “Que Dios bendiga a todo el personal del IGSS porque siempre me tuvieron paciencia y me trataron con cariño. Siempre fue atendida con amabilidad. Y por eso ahora les digo a las personas que no tengan miedo, que Dios mediante acá los van a curar”.

Al ser cuestionada sobre sus planes de una vida libre de cáncer, Brenda contesta dos palabras sin titubear: ¡Ser feliz!

Inyección de ánimo

Talán, talán, talán… la sala de espera para quimioterapias quedó en silencio. Emocionados, los pacientes que esperaban ser llamados para recibir su tratamiento rompieron en aplausos y llanto al ver a una compañera de luchas abandonar el hospital y emprender su camino hacia la recuperación total, y con ello, otorgarles el regalo de la esperanza.