Dormir poco no solo afecta el rendimiento diario, sino que incrementa el riesgo de padecer enfermedades y sufrir accidentes.
Las consecuencias de la privación del sueño podrían ya reflejarse en las atenciones en los hospitales, advirtieron los especialistas del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), ya que han observado un aumento significativo de ciertas enfermedades.
El doctor Juan Pablo Pineda, neurólogo del Hospital General de Enfermedades, indicó que, a corto y mediano plazo, las consecuencias de la falta de sueño son la fatiga persistente, somnolencia diurna (que puede asociarse a accidentes de tráfico), el déficit de atención y memoria, irritabilidad, ansiedad y bajo control emocional, así como la disminución del rendimiento laboral y académico.

Sin embargo, a largo plazo, existe un riesgo muy elevado de llegar a desarrollar enfermedades como:
- Hipertensión arterial
- Diabetes mellitus tipo 2
- Obesidad y síndrome metabólico
- Enfermedad cardiovascular y cerebrovascular
- Trastornos depresivos y de ansiedad
- Deterioro cognitivo y mayor riesgo de demencia
- Disminución de la respuesta inmunológica
- Mayor riesgo de algunos cánceres
“Existen estudios que han determinado la relación de todo esto, especialmente en personal que tiene trabajos con turnos nocturnos”, agregó.

De acuerdo con el especialista, las consecuencias de los malos hábitos de sueño entre la población podrían ya estar existiendo, pues han observado un incremento marcado en las atenciones a pacientes con:
- Eventos cardiovasculares (infarto, eventos cerebrovasculares)
- Descompensaciones metabólicas (diabetes, obesidad)
- Trastornos psiquiátricos (depresión y ansiedad)
- Accidentes de tránsito y laborales (accidentes en motocicleta, conductores violentos)
- Deterioro cognitivo temprano

“El impacto de estos malos hábitos llega a ser no solo clínico (en el ambiente médico asistencial y hospitalario) sino también económico y social”, resaltó el profesional, quien brindó las siguientes recomendaciones para mejorar los hábitos del sueño y su calidad:
- Mantener horarios regulares: acuéstese y despiértese a la misma hora todos los días, incluso los fines de semana
- Dormir el tiempo adecuado: en adultos de 7 a 8 horas por noche
- Reservar la cama solo para dormir: evitar usarla para trabajar, estudiar, ver televisión o usar el celular
- Reducir el uso de pantallas antes de dormir: suspender celulares, tablets y computadoras al menos 60 minutos antes de la hora de dormir
- Cuidar el ambiente del dormitorio: debe ser oscuro, silencioso, fresco y cómodo
- Evitar estimulantes en la tarde – noche: tal como la cafeína, nicotina y bebidas energéticas
- Evitar cenas copiosas y alcohol nocturno: afecta la calidad del sueño al fragmentarlo
- Realizar actividad física regularmente: el ejercicio ayuda a dormir mejor, pero es importante evitar hacerlo antes de acostarse
- Establecer una rutina de relajación previa al sueño: lectura tranquila, respiración profunda o la música ayudan a preparar el cerebro
- Respetar la luz natural: exponerse a la luz solar por la mañana y reducir la luz artificial por la noche para regular el ritmo circadiano (reloj biológico).
“El sueño no se “recupera” el fin de semana ni se compensa con café. Priorizar el descanso hoy reduce la enfermedad, discapacidad y dependencia mañana. Cuidar el sueño es una forma concreta y diaria de cuidar el cerebro, el corazón y la vida”, finalizó el Dr. Pineda.








