Son las 7:30 de la mañana, la bata blanca y el uniforme de médico lo distingue entre las personas que asisten al Banco de Sangre del Hospital General Juan José Arévalo Bermejo. Como especialista ha transcurrido sus últimos 30 años entre jeringas, agujas y bisturís. Sus ojos han visto multitud de afiliados solicitando atención. Sin embargo, este día es diferente: hoy, quien se sienta en la silla de los pacientes es él.

Se trata del doctor Jayrom Barrera, cuyo deseo de salvar y traer seres a este mundo lo llevó a dedicarse a la ginecología y obstetricia. Y esta vez busca salvar otras vidas, pero de otra manera: donando plasma.

En el campo de la Ginecología, aproximadamente un 25 % de mujeres necesitan una transfusión.

Ya han transcurrido más de 18 años desde esa vez en la que estando en el quirófano sintió desesperación e impotencia por la escasa cantidad de unidades de sangre disponibles para mujeres que sufrían hemorragias durante el parto o una cirugía de emergencia. En cuestión de minutos, medio litro del líquido puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

“No hay más sangre, fue lo que escuché esa vez en Sala de Operaciones ¿Cómo es posible que se tenga la capacidad, experiencia y equipo para salvar a una persona, pero que todo se complique por una unidad de sangre y porque no hay reservas?”, comenta el especialista.

En cierta ocasión, una joven embarazada llegó en ambulancia desde Cobán, Alta Verapaz, presentando placenta previa sangrante. Estando en labor de parto entró en shock por la hemorragia. Cuando llegó al hospital había perdido unos tres litros de sangre y tanto ella como su bebé estaban a punto de perecer. Se necesitó de dos horas de cirugía más de dos unidades de sangre y una de plasma para que la historia tuviera un final feliz.

Estos casos marcaron su manera de pensar, el doctor Barrera ha sido fiel a su promesa personal de acudir voluntariamente una vez al año al Banco de Sangre de su Unidad médica para hacer su aporte y al mismo tiempo, contribuir a la cultura de donación.

El médico indica que los especialistas no deben de perder la perspectiva y ponerse en el lugar del paciente.

Recostado en uno de los sillones reclinables del banco, y mientras de su brazo derecho fluía la vida, el galeno relató: “En sala de cirugía me enfrenté a muchos casos en los cuales las mujeres necesitaban dos o tres unidades de sangre de emergencia y no siempre se contaba con el suministro. Los minutos son cruciales y pensé ¿por qué la gente no dona?, pero luego reflexioné que yo también puedo hacerlo”, indicó el doctor Barrera.

La operación fue todo un éxito

A pesar de su buena voluntad, no habrá una próxima vez. Al estar a punto de llegar a la edad límite para poder donar sangre, ésta será la última donación que realiza, cumpliendo así con lo que un día fue una promesa de generosidad.

“Más que triste, me siento muy satisfecho de haber sido fiel a mi deseo de ser un donador voluntario, el cual también he inculcado a mis hijos, porque las personas no son conscientes de que para ellos es sólo un poco de sangre que se les va a extraer, pero para muchos pacientes, incluyendo recién nacidos, puede ser lo que les salve la vida”, expresó el galeno.

¿Cuántos adultos y recién nacidos se habrán salvado en los últimos 18 años gracias a este generoso acto del profesional? La respuesta seguirá siendo una incógnita, pero para el doctor Barrera el número es irrelevante, demostrando así de que la mejor manera de predicar es con el ejemplo.

“Cuando se trata de ayudar al prójimo, no hay nada qué dudar”, manifiesta.