La sal es la reina de nuestra cocina y de nuestra mesa. No hay frijoles volteados, guacamol o chirmol que se precie de apetitoso si no tiene su respectiva pizca de sal. Además de realzar el sabor de las comidas, la sal mantiene el equilibrio de líquidos en el cuerpo.

Compuesta por cloruro de sodio, la sal es de beneficio para la salud, ya que según regulaciones de salud pública, en Guatemala es obligatorio que las productoras añadan yodo a los cristales, el cual previene el bocio y ayuda a regular el metabolismo. No obstante, el exceso de sal causa serios daños a la salud, especialmente de aquellas personas que ya tienen alguna disposición a enfermedades crónicas, como hipertensión, daño renal y problemas cardiovasculares y retención de líquidos.
Adictiva
De acuerdo con la doctora Blandina Solís, médico y cirujano especialista en nutrición humana y en nutrición de enfermedades crónicas de la Unidad de Consulta Externa de Enfermedades, la sal es sumamente adictiva debido a que da sabor a las comidas y el paladar cada vez exige más.
Y es que la Organización Mundial de la Salud recomienda que la ingesta de sal no debe de ser superior a dos gramos al día, esto es, una cucharadita. El problema surge cuando se consumen alimentos ricos en benzoato de sodio, un componente que se agrega a los enlatados y a otros productos para su conservación. De hecho, la mayor parte de la sal que consumimos no viene de nuestro salero, sino de los productos que compramos fuera de casa, como embutidos, enlatados, sazonadores, consomés, salsas, mermeladas y bebidas carbonatadas.
“El problema es que este tipo de sal no se contabiliza, y aunque lo recomendado es una cucharadita de sal, al final, muchos terminan consumiendo hasta cuatro cucharaditas”, expresó.

Actualmente, agregó, el mercado ofrece algunos sustitutos, como la sal rosada que contiene cloruro de sodio y otros minerales que tienen la propiedad de salar, o los que contienen cloruro de potasio. Sin embargo, hay que tener cuidado con aquellas personas quienes sus niveles de potasio son elevados.
Más bien, la experta afirma que se debe de preferir la sal granulada o sal marina, por su aporte de yodo y porque no ha pasado por procesos químicos como blanqueado o refinado. Además, para no sacrificar el paladar, se puede aprovechar la variedad de hierbas aromáticas que se consiguen en el país para sazonar las comidas, como albahaca, perejil, pimienta y cilantro, entre otras.









