La historia comenzó cuando Anabela Orellana recibió la noticia de que esperaba cuatrillizos que, a su vez, se convertirían en el primer parto múltiple de cuatro bebés que sería atendido en este hospital. Su embarazo fue considerado de alto riesgo y estuvo marcado por constantes controles médicos, emergencias y la incertidumbre propia de una gestación compleja, que la llevó a permanecer 68 días hospitalizada en esta unidad médica.

“Todos los días eran un reto. Fue una experiencia bastante dura, pero al final muy, muy contenta, porque fue un milagro que ellos nacieran”, recuerda Anabela. Finalmente, sus cuatro hijos nacieron a las 29 semanas de gestación, iniciando una lucha por la vida que mantuvo a la familia estrechamente vinculada al Hospital de Gineco Obstetricia.

El Hospital de Gineco Obstetricia atiende alrededor de 12,000 partos al año.

Para Manuel Samayoa, padre de los cuatro jóvenes, fueron días de angustia, esfuerzo y una incertidumbre constante. Mientras trabajaba, buscaba llegar al hospital para ver a sus hijos, aunque fuera durante unos minutos.

“Había momentos de preocupación por la vida de los niños y de mi esposa. Hacía todo lo posible por llegar a ver, aunque fueran 10 o 15 minutos, a cada niño. Aunque con la tranquilidad de saber que estaban con el mejor equipo humano y tecnológico”, recuerda. Tres de ellos pudieron regresar primero a casa, mientras que una de las niñas permaneció una semana adicional bajo cuidado hospitalario.

Una historia que también cuenta la historia del hospital

Entre los profesionales que acompañaron aquel embarazo estuvo el doctor Rony Vásquez, quien en ese momento se desempeñaba como médico especialista del Hospital de Gineco Obstetricia. Fue parte del equipo que atendió a Anabela durante su embarazo y estuvo presente en uno de los momentos más significativos de aquella historia: el nacimiento de los cuatro bebés. El doctor Vásquez incluso fue quien cortó el cordón umbilical de los recién nacidos.

Esta unidad médica es conocida como “Hospital Escuela”, porque alberga cada año a decenas de estudiantes de medicina.

Hoy, 18 años después, el médico ocupa la Dirección del Hospital de Gineco Obstetricia y tuvo la oportunidad de reencontrarse con aquellos cuatro niños que atendió al nacer, ahora convertidos en jóvenes próximos a culminar su formación de nivel diversificado.

El reencuentro es el reflejo de la continuidad de una atención que acompaña diferentes etapas de la vida y que, en este caso, permitió que una historia iniciada en una incubadora regresara años después a las mismas instalaciones, pero con una nueva perspectiva y nuevos sueños.

Para Manuel y Anabela, el recuerdo de aquella atención permanece intacto. Destacan la preparación, profesionalismo y compromiso del personal que acompañó a su familia durante uno de los momentos más difíciles de sus vidas.

Hay reglas, normas, procedimientos, medicamentos y tratamientos que deben cumplirse a cabalidad, afirman, al reconocer que el personal médico de este centro hospitalario cuenta con la preparación y experiencia necesarias para tomar decisiones en beneficio de las madres y sus bebés.

Ahora, aquellos cuatro pequeños que hace 18 años llegaron al mundo con apenas 29 semanas de gestación están próximos a graduarse e iniciar una nueva etapa.

Conocer el funcionamiento interno de unidades médicas, brinda nuevas perspectivas del seguro social.

Su regreso al Hospital de Gineco Obstetricia convierte su historia en un emotivo testimonio de vida, perseverancia, compromiso familiar y atención especializada. Porque para el personal que estuvo presente en sus primeros días, verlos regresar 18 años después ya no como pacientes, sino como jóvenes que se preparan para construir su futuro, representa también una de las mayores satisfacciones de servir en salud.